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La salida de la Archicofradía de las Siete Palabras en 1864

salida1864Hoy, 23 de marzo de 2014 se cumplen exactamente 150 años de nuestra mítica salida de 1864, año que volvimos a las calles de Sevilla y en el que procesionó por primera vez el misterio de las Siete Palabras por la ciudad. Para conmemorar la efemérides, os traemos este magnífico artículo de nuestro hermano Rafael Jiménez Sampedro sobre la salida procesional.

De todas las ocasiones en que la Archicofradía

de las Siete Palabras ha realizado su salida procesional para realizar estación de penitencia a la catedral destaca la realizada en 1864, por lo insólito que resultó para los cofrades de la época y por las circunstancias que rodearon su desarrollo: la celeridad e improvisación en que se desarrolló dio como resultado sin embargo un inesperado éxito que supuso el punto de arranque de la moderna historia de la corporación, estando, sin embargo a punto de suspenderse debido a la lluvia.

 

Precendentes


El siglo XIX arranca registrándose una prometedora actividad en la hermandad, que había aprobado una nueva regla tres años antes, producto de una reciente reorganización, al anunciarse en cabildo de 17 de mayo de 1801 que se iba a celebrar la novena al Sagrado Corazón de Jesús que la regla señalaba como posibilidad. Igualmente se acordó celebrar un día de retiro mensual, los primeros domingos, comenzando en junio, constando que la cifra total de la obra de la capilla, veinte mil quinientos reales, se había abonado. Como hacía años que se concluyó debe referirse a una deuda que se arrastraba, bien con los constructores o con hermanos que habían prestado dinero para abonarlo, dado que no se registra ningún trabajo en el templo en estos años.

Sin embargo hay un enorme salto en las actas de la época, de trece años, al celebrarse el último cabildo el 17 de julio de 1805, de elecciones y no reunirse de nuevo la hermandad hasta el 12 de abril de 1818. Del contenido de ese acta podemos deducir el motivo de tal letargo, cual es la ausencia de Rafael Manso Domonte, marqués de Ribas de Jarana, quien expresa su lamentar por el estado en que se encontró la capilla a su regreso de América, al hallarse sus retablos, imágenes y efectos repartidos por varias iglesias y casas particulares, acordándose reintegrar a la capilla todos sus bienes. Además señala que tenía el encargo de varias congregaciones religiosas de la ciudad de México para incorporarse a la hermandad y disfrutar de sus beneficios.

El estado tan lamentable del templo se debía a que durante la invasión francesa, el ejército galo al mando del mariscal Nicolás Jean de Dieu Soult clausuró el convento del Carmen, destinándolo a cuartel. Esto supuso que las imágenes se colocasen en la parroquia de San Vicente, a excepción de la Virgen de los Remedios, perdiéndose la de San Juan Evangelista.

Antes del cabildo de 1818 la hermandad intentó reunirse, pero no llegó a elegir junta de gobierno. Pablo Faustino de Ceballos era el secretario en 1805 y el 26 de septiembre de 1817 firma como tal una nota, señalando que los herederos de Francisco Pancejon entregaron a cuenta de los años vencidos de la renta de un tributo seiscientos reales, los cuales se les entregan al prior del convento. El propio Ceballos convocó a cabildo general para el 5 de abril de 1818, pero hace constar que no concurrió “competente número de hermanos”.

Al fin se celebró junta el 12 de abril de 1818, en la sacristía del convento del Carmen para preparar elecciones, que se celebrarían al día siguiente. Nueve días después se celebraría la nueva junta en casa del marqués de Ribas –la capilla seguía cerrada e impracticable–, siendo secretario el tallista Juan José Villarrica Hurtado de Mendoza. En la sesión se hacen constar oficios de la Esclavitud de la Santísima Trinidad y de Vicente de Torres y Andueza sobre el paradero de los retablos de la hermandad, solicitando comparecer ante la hermandad para explicarlo. Se admitió como hermano a José María Goyeneche, conde de Guaqui, junto a varios hermanos.

Tres días más tarde se celebra nueva junta en la capilla, en la que no apareció nadie de la Esclavitud de la Santísima Trinidad. Sí lo hizo Vicente Torres y Andueza, quien relató lo sucedido con motivo de la invasión francesa, en la que al solicitarse la venta de los retablos como parte de los bienes nacionales, le avisó el comisionado Ángel Gamboa para que los quitase de la capilla y evitar su venta, lo que hizo a su costa, depositándolos en la iglesia parroquial de San Vicente donde se colocaron con acuerdo de los curas y la Esclavitud de la Santísima Trinidad habiendo gastado su esclavo mayor su dinero para darle la forma que entonces tenía el mayor de la capilla, solicitando que si la hermandad lo tenía a bien pondría otros en lugar de aquellos, aunque no de tanta igualdad y hermosura, dando mil trescientos reales para dicho cometido.

Las labores se centraron entonces en rehabilitar la capilla, aún sin culto, acordándose el 20 de abril de 1819 se inaugurase con motivo de la función al Sagrado Corazón de Jesús. Para poder sufragar los gastos se acordó visitar a los hermanos para solicitarle una limosna, pues se veía más productivo que mandarle una carta. También se acordó oficiar al colegio de San Francisco de Paula pidiendo la imagen de San Juan que se aseguraba estaba en dicha iglesia, y a los señores Vizcaíno solicitándole el manifestador que tenían en su poder.

Sin embargo, el propósito no pudo cumplirse hasta el año siguiente. El retablo traído desde San Vicente se había modificado y la hermandad quiso hacer uno nuevo, aprobándose el 16 de febrero de 1820 el diseño que presentaba el propio secretario, Juan José Villarrica. Ese mismo día se hizo constar que uno de los albaceas del difunto José Gómez y Medina había dejado un legado de diez ducados. Por fin en la función del Sagrado Corazón de ese año se produjo el estreno, pero días después, el tesorero hizo constar el descubierto que había en las cuentas, advirtiendo que el día en que se estrenó el retablo mayor no asistieron la mayor parte de los hermanos que tampoco habían averiguado hacía diez años y entre tanto no se aumentase su número, no se podrían celebrar los ejercicios mensuales ni continuar el culto diario en la capilla.

Una junta celebrada el 23 de agosto de ese año acordó que el hermano mayor y diputados de capilla pagarían los ejercicios mensuales y que se oficiaría a los demás hermanos invitándoles a contribuir para cubrir el déficit con la cantidad que fuese posible. En ese mismo año se observa que las gracias espirituales obtenidas habían sido propagadas de forma que otras hermandades solicitaron su agregación. Era más fácil y fundamentalmente más barato esta fórmula que pedir por sí misma la concesión de indulgencias a Roma, sobre todo porque se necesitaba la presencia de alguna persona en el Vaticano, con lo que ello suponía de desplazamiento y estancia, aparte de las tasas que se sufragaban por la expedición. Así, el 19 de noviembre de 1820 la Congregación del Sagrado Corazón de Jesús de Carmona se agrega a esta hermandad. El título de archicofradía que venía utilizando desde que se aprobase la regla en 1798 cobraba así su sentido pleno.

No parece que la reapertura de la capilla, las gracias espirituales obtenidas y el esfuerzo de la junta de gobierno comandada por el marqués de Ribas surtiesen mucho efecto. No se registran actas hasta el 30 de mayo de 1829, en que otra corporación, la Hermandad de los Sagrados Corazones de Jesús y María de Palencia se agrega, como lo haría el 11 de octubre del mismo año la Congregación de la Adoración Perpetua al Santísimo Sacramento de Marchena y el 12 de septiembre de 1830 la Congregación de Jesús Sacramentado y Santísima Virgen del Rosario, de la iglesia de San Hermenegildo de nuestra ciudad.

La real orden de exclaustración eclesiástica de 25 de julio de 1835 suprimió todos los conventos en que no hubiese al menos doce monjes profesos, ordenada por el ministro liberal Juan Álvarez Mendizábal. Entre los conventos suprimidos se encontró el del Carmen, después de tres siglos de historia el barrio de San Vicente se quedaba sin la presencia de esta comunidad religiosa que desde entonces radica en nuestra ciudad en el convento del Buen Suceso. Ello motivó el cierre de la capilla de la hermandad, que fue dedicada a vivienda particular, llevándose el Cristo a una dependencia de la iglesia del Carmen, que sí permaneció abierta al culto. Posteriormente fue rehabilitada la capilla, volviendo las imágenes a sus altares, y el templo conventual siguió al culto, aunque los frailes ya no vivían en sus dependencias, que pasaron a propiedad del Estado.

El 16 de junio de 1846 la hermandad celebra cabildo general extraordinario, con la asistencia de trece hermanos. Era hermano mayor Tadeo de Chaves y Velasco, conde de Casa Chaves, y secretario el marqués de Ribas de Jarana. Llevaba la archicofradía dieciséis años sin reunirse y el motivo del cabildo fue contestar a la solicitud hecha por la comunidad carmelita, ya que al haberse arruinado la nave principal de la iglesia del convento el 4 de julio anterior, se deseaba utilizar a la capilla de la hermandad para acceder al altar mayor.

A tal fin habría de practicar un acceso, rompiendo la pared del testero principal. La hermandad acordó autorizar dicha obra, que correría a expensas de los carmelitas, y que el tránsito a través de la capilla durase el tiempo imprescindible mientras durase la situación de ruina de la iglesia. Además, de camino la hermandad se beneficiaría ya que la capilla recibiría visitas de las personas que iban a asistir a misa al Carmen. En ese mismo acta se nos refleja la situación por la que atravesaba la corporación cuando “se acordó se invite a los hermanos para que pueda la corporación restablecerse mediante la cooperación y auxilios que todos están obligados a prestar”, acordándose igualmente la venta de los cuatro retablos laterales a la Hermandad de Pasión y el Establecimiento de Niños Expósitos por dos mil reales, que invertirían en el adorno de la capilla. Además consta que el retablo mayor se hallaba en el convento de las Mínimas y en la capilla de la Orden Tercera de San Pedro de Alcántara los dos retablitos de pared y una frontalera, acordándose recogerlos.

Sin embargo, el propósito de reactivar la hermandad no se cumplió y habrían de pasar cuatro años más para que se reuniese de nuevo en cabildo. Ocurrió el 7 de julio de 1850, y a él asistieron diez hermanos, tan sólo cuatro que ya lo eran, los citados hermano mayor y secretario, y los hermanos Antonio y Benito Janin. El propósito de dicho cabildo fue la recepción de nuevos hermanos, admitiéndose como tales a José Baena, Antonio Bouzada, Manuel Castillo, Manuel Tirado, José Guerra Guzmán y al que habría de protagonizar años más tarde la definitiva reorganización de la hermandad, el abogado José Bermejo y Carballo, que pasaría a la historia de las cofradías sevillanas por su célebre libro Glorias Religiosas de Sevilla, publicado en 1882, y en el que recoge extensamente la historia de las cofradías de penitencia de la ciudad. También se propuso celebrar elecciones, cosa que sucedió dos semanas más tarde, el 21 de julio, en el que continuó el conde de Casa Chaves como hermano mayor, y Bermejo fue elegido como secretario primero. Esta junta de gobierno tomó posesión una semana después pero, desgraciadamente, no se volvió a reunir.

La capilla seguía al menos abierta al público y de hecho la Hermandad de la Quinta Angustia, residente en el mismo convento del Carmen, salió en 1850 desde la capilla de la hermandad.

 

La definitiva reorganización: la figura de José Bermejo y Carballo


Habrían de pasar otros ocho años cuando el 11 de abril de 1858 se reúne la Hermandad en cabildo general, logro que según el acta se debía “muy principalmente al celo de varios jóvenes de los concurrentes, que habiendo ingresado en la corporación aspiraban al restablecimiento de la misma”. Ya había fallecido el conde de Casa Chaves, y el marqués de Ribas de Jarana, que era el consiliario primero había consentido la celebración, que encabezaba el mayordomo, Manuel del Castillo. Se llevaron a cabo elecciones y resultó elegido como hermano mayor José Bermejo, que entonces contaba con cuarenta y un años de edad, y se facultó a la nueva Junta para que “dispusiese y determinase lo que creyese oportuno en orden al restablecimiento de la Hermandad, facultándola de la manera más amplia para dicho fin”, estableciéndose la cuota de dos reales mensuales.

A partir de entonces la hermandad no decae, celebrando regularmente cada año su cabildo general de elecciones –recordemos que por entonces las juntas se elegían por un año–. Ya en el de 1859 se informa de la restauración de la imagen del Señor y que se estaba concluyendo una de San Juan, y que haciendo falta la de la Virgen “se estaba en el caso de construir o buscar una”, acordándose hacer una nueva. El 14 de agosto en una junta se informa que la hermandad ya tenía las imágenes principales de su advocación y “se estaba en el caso de darlas a conocer al público”, acordándose celebrar una función el primer domingo de septiembre.

Al año siguiente, 1860, se celebró por vez primera el quinario en honor del Cristo, a pesar de que la regla por entonces vigente, la de 1798 no decían nada al respecto, ya había muchas hermandades que venían celebrando este culto y desde entonces se celebró con regularidad.

La reorganización trajo consigo el centrar los esfuerzos en que la hermandad, hasta entonces una corporación de gloria y de penitencia, dejase aparcada la devoción a la Virgen de la Cabeza. En la documentación consultada no aparece ningún culto en honor de la primitiva titular, que presidía la capilla. Conocemos su restauración por Manuel Gutiérrez Reyes, en 1864, así como la del altar por Rafael Alcerreca, Francisco de Paula Morales y Francisco Gámiz, pero es la única referencia que hay sobre la imagen. Por el contrario, ya en mayo de 1862 se habla de realizar un paso nuevo para sacar a la cofradía el Miércoles Santo, un propósito que en ninguno de los períodos de florecimiento previos se había planteado, prevaleciendo siempre el culto a la Virgen de la Cabeza y el nombre de ésta como principal, y el del Sagrado Corazón de Jesús desde 1798 igualmente. 

Hay que considerar que tanto Bermejo, como la mayoría de los hermanos que entonces componían la junta eran jóvenes. Bermejo tenía por entonces cuarenta y cinco años y era el mayor de todos. Las Siete Palabras, como casi todas las hermandades históricas, nace en un convento, fomentada por la comunidad en ella residente, en una forma de propagar la fe a través de la práctica religiosa principalmente externa, y también interna. Las distintas cofradías sevillanas se han nutrido esencialmente de hermanos de su entorno. En una sociedad en que las personas trabajaban de sol a sol, donde no había vacaciones, sólo el domingo era festivo, salvo el que era rico y podía permitírselo, los hermanos disponían de poco tiempo para las hermandades. De hecho los cabildos del período que estudiamos se celebraban casi siempre los domingos, el día en que todos podían reunirse.

Los reorganizadores de la archicofradía fueron unos precursores de los que hoy llamamos capillitas, es decir, aquellas personas que les gustaban las cofradías en general y que vieron en ésta, como en otras que tuvieron el mismo proceso, un campo abonado en donde poner en práctica aquello que les gustaba. Apellidos como Filpo o Cerrejón figuraban entre aquellos animosos jóvenes, y que hoy en día permanecen en la nómina de la archicofradía, más de un siglo y medio después.

Hay que tener en cuenta también dos factores. Vivían entonces en pleno romanticismo, esta corriente de pensamiento y artística que trataba de reverdecer devociones y formas antiguas, y que recordaba el pasado en muchos conceptos. El rescatar del olvido una archicofradía antigua, en vez de crear otra nueva, era sin duda un aliciente añadido. Si esta hermandad, además tenía ya su propia capilla en un convento, pero con salida independiente a la calle, una imagen de un Cristo, se iban añadiendo atractivos.

Por otro lado, el conocimiento que se tenía de la hermandad se había incrementado por la publicación en 1852 del libro de Félix González de León sobre la historia de las cofradías sevillanas, el primero en su género escrito. Aquella puerta de la calle Baños permanentemente cerrada que para quien no era vecino o algún familiar o conocido fuese hermano de esta hermandad, podía ser confundida con cualquier dependencia del convento, pero para los que leyesen el libro podía ser identificada ya con una cofradía de penitencia que en el pasado llegó a sacar tres pasos.

De ahí que la salida procesional en Semana Santa fuese un objetivo casi inmediato sobre el que se trabajaría. El 10 de julio se aprueba el diseño de un paso y se comienzan a recibir cuotas de hermanos con destino a su ejecución. Sin embargo no se llegó a realizar en 1863 y se devolvió lo recaudado.


bromleyLa más antigua representación gráfica de la salida de la Archicofradía de las Siete Palabras es el conocido grabado de Valentine Winston Bromley de la procesión de 1873 publicada en "The London Illustrated News" 


 La salida de 1864


Ya en 1864 se consiguió el propósito y en cabildo de 6 de marzo se acuerda la salida de la cofradía. Bermejo se manifiesta cauto. El acta menciona que “atendiendo a la premura de tiempo y al corto número de individuos de que se componía la corporación le parecía que no se debía hacer estación en este año, pero que a pesar de lo expuesto dejaba que la corporación deliberase”. Otro hermano, Luciano Celaya, llegó a calificar de temerario, y también Agustín Carrogio, que era el secretario segundo, manifestó algo parecido. Nadie se pronunció a favor de la salida y se pasó a solicitar una limosna para ayudar a los gastos de dicha salida, y en función a lo recaudado, efectuarla o no. Entre los diecisiete asistentes se recolectaron trescientos veinticuatro reales, de los que Bermejo puso cien y se acordó la salida.

Dos días después se celebra Junta de oficiales, en la que Bermejo intenta que los nazarenos vistan la túnica blanca de escapulario encarnado como lo hacían en lo antiguo, pero por la premura se acuerda salir con túnicas negras, seguramente prestadas por alguna hermandad, o propias de los mismos hermanos que ya las tenían por salir en otra cofradía.

El Miércoles Santo, 23 de marzo de 1864 a las cinco y cuarto de la tarde salió la archicofradía de nuevo, hacía más de ciento cincuenta años que no lo hacía. Una amplia nota insertada en las actas recoge con detalle ese histórico acto. Aunque pueda resultar un poco larga la reproducimos porque particularmente el autor de estas líneas se emocionó, trasladándose a lo que sintieron aquellos osados hermanos de hace ahora ciento cuarenta y siete años:

“En Miércoles 23 de Marzo de 1864 a las 5 y ¼ de la tarde hizo estación á la Sta. Iglesia Catedral con sus sagradas ymagenes nuestra Achicofradía en esta forma.

Yban abriendo cuatro soldados y un cabo de la infantería de la guarnicion de esta plaza.

Seguían cuatro Nazarenos con cirios la cruz de caoba llevada por N.H. (aquí hay un espacio en blanco, porque el Secretario lo dejaría para posteriormente colocar el nombre del hermano que la portaba, pero luego no lo hizo) y a su lado dos Eclesiásticos con bonete y manteo con varas de diputados, cuatro parejas de Nazarenos y en medio el senatus llevado por N.H. (de nuevo en blanco) de Nazareno.

Cuatro parejas seguía la Bandera seguían ocho parejas de Nazarenos y en medio el estandarte llevado por N.H. (igualmente en blanco)

Entre el estandarte y la Bandera iba la Cruz parroquial con los ciriales de la Parroquia de Sn. Vicente.

No fue el simpecado pr q no hubo hermano qe llevase la insignia seguia el resto del cuerpo de Nazarenos siendo los Bocinas los últimos.

Diputados con las insignias

Senatus

(dos nombres en blanco)

Bandera

(otros dos nombres en blanco)

Estandarte

(otros dos nombres en blanco)

Presidian al paso de misterio de las Siete Palabras a la derecha en el centro N.H. el Sr. D. José Jácome del Campo coronel de caballería y Maestrante del Rl cuerpo de Maestranza de esta ciudad a su izquierda D. José Alcerreca Maymo q fue de la misma á la derecha de D. José Jacome iba N.D. Sro 1º D. Manuel del Castillo a la yzquierda de D. José Alcerreca D. (en blanco) delante de la presidencia iba N.H. Maymo  interino D. Enrique Manuel de Villena con vela de dos libras en la mano y para regimen de la procesion yban dos canastillas y cuatro diputados del cuerpo de Nazarenos a las ordenes inmediatas del Maymo. Sobre una peana dorada de buen gusto iba el misterio a quien rinde culto Nuestra archicofradia N.P. Jesús de las Siete Palabras crucificado ocupaba el frente del paso sobre un monte significativo del Calvario al pie del monte y al costado derecho del paso iba la ymagen de N. Sra de los Remedios titular dela cofradia q pr no tener propia esta corporación se trajo la qe hay en la parroquia de sn Vicente en el altar colateral dela capilla del sagrario y tanto pr su actitud como pr el nombre qe conserva hay indicios qe fue la qe con la invasión francesa en 1810 perdio esta corporacion al pie del monte y al costado izquierdo iba la imagen de Sn juan Evagelista titular de esta Archicofradia y de su propiedad. En el centro y al pie del monte iba la imagen de Sta. Mª Magdalena qe pr carecer de ella la corporacion se trajo de la trinidad de la cofradia de las cinco llagas. A las esquinas del paso se colocaron cuatro candelabros con ángeles los cuales sostenían los mecheros y por el centro se colocaron para alumbrar mejor al paso cuatro luces con sus guarda brisas. El paso iba cubierto por abajo con faldones de beludillo morado con franja de galón de oro seguia al paso el clero parroquial el teniente de Alcalde con su juzgado seguia la Música marcial del asilo y cerrando la procesion un piquete de cazadores de infanteria de esta guarnición.

Calles p donde hizo estacion

Calle del carmen. calle de los Baños. calle de Jesus. plaza de Sn Vicente. Calle del mismo nombre. Calle de las Armas. Plaza del Duque. La Campana. Calle de la Sierpes. Plaza de Sn Franco. Gradas de la Catedral, entrando pr la puerta de Sn Miguel siguiendo las Nave qe corresponde a esta puerta. Pasó por el crucero parándose Ntro paso delante del coro estando el cabildo cantando con su orquesta de musica la segunda lamentación. Salio pr la puerta qe llaman de los palos calle gradas bajas calle placentines, francos, culebras, plaza del salvador, calle de la cuna cerrajeria sierpes la campana, calle sta. María de gracia, Amor de Dios, calle sn Miguel. Calle de las Palmas, Plaza del Duque, calle de las Armas sn Vicente calle del carmen entrando en su casa a las 9 de la noche. Hay que notar un incidente particular y es qe reinando un temporal de Aguas desde la semana anterior pues pr el habian dejado de salir las cofradias qe estaban anunciadas para el Domingo siguiendo este temporal el lunes y Martes y todo el miércoles hasta el momento de salir la cofradia pues ordenada en la calle todavía lloviznaba pero al momento de sacar las efigies cesó la lluvia disipandonse paulatinamente las nubes y presentandose pr la noche un cielo estrellado y sereno todos los incidentes de el momento en qe esta corporacion determinara su salida se ve en ellos no se qe de maravilloso y extraordinario pues a las carencias de efigies ropa para efectos fondos se hacia imposible el qe se verificase la estacion tan ansiada y proyectada pr la corporacion desde 1850, en qe entraron varios individuos con este objeto todos los inconvenientes se allanan en diez y siete días no cesando en ellos los hermanos celosos de buscar los efectos prestados pª poder verificar la estacion en este presente año como lo verificó llamando la atencion del publico pr la modestia con qe se presentaron sus individuos a acompañar nuestra sagradas qe a pesar de ser casi en su totalidad jóvenes dieron ejemplo de compostura y devocion religiosa no debemos concluir esta narración sin hacer una especial mencion de la actividad qe desplego NH Maymo interino D. Enriqe Manuel de Villena pues si su celo se debe el qe se allanasen todos los inconvenientes es laudable igualmente la generosidad del Sr D. José Bermejo qe prestara las andas o paso para llevar nuestras efigies con sus faldones otro D. Jose Bru hizo las Banderas de Bocina estas dela Hermd el senatus y por ultimo seria prolijo enumerar lo qe cada cual trabajo para buscar efectos y allanar todas las dificultades para qe saliera la corporacion airosa y no tuviera qe notarse en ella la mas pequeña falta y para qe siempre conste y sirva de ejemplo a los venideros siento en el libro de actas de esta corporacion a 26 de Marzo de 1865”.

El paso “prestado” por Bermejo ignoramos cuál pudiera ser. Bermejo era hermano de varias cofradías. La Amargura, Pasión, Los Negritos, La Soledad. No sería extraño que el paso procediese de alguna de ellas. De todas las citadas la única que no procesionó ese año fue la de los Negritos, que había salido en 1849 por última vez, y que llevaba entonces sesenta y tres años sin salir. Pero dejó de hacerlo dicho año 1849 y no volvió a hacerlo hasta 1867, entonces lo hizo con paso de misterio, con la Virgen, San Juan y las Tres Marías. Puede que se trate del mismo paso, pero es un extremo que aún ha de comprobarse.

A raíz de esta salida lógicamente la vida de la corporación cobró más auge. La cofradía salió todos los años, algo que hoy nos parece natural, pero que en la época que tratamos no lo era. Desde 1874 la hermandad contaría con una nueva fuente de ingresos, la procedente de la subvención municipal, obtenida de la explotación que el consistorio realizaba de las sillas colocadas en la plaza de San Francisco, dinero que se empleaba íntegro en sufragar la salida procesional, y que hoy en día constituye una de las principales partidas del presupuesto de ingresos de la corporación. A partir de entonces, la corporación comenzó su auge definitivo que dejaría atrás los años de postración y olvido a que se vio sometida en siglos anteriores.


misterio2013El paso de misterio en el año 2013, horas antes de su salida procesional


Fotografías: Práxedes Sánchez M. 

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