
Tras empezar en el mes de marzo con el solemne triduo en su honor, tras una jornada de recogimiento, rezo y tradición el pasado Sábado de Pasión, los cultos del Señor culminaron el pasado domingo, día de la Divina Misericordia.
Comenzando la Cuaresma, el primer jueves de marzo, nuestros hermanos se reencontraban en torno a la imagen de Nuestro Padre Jesús de la Divina Misericordia para celebrar su solemne triduo, cuya cátedra presidió el reverendo señor don Gregorio Sillero Fernández, cura párroco de San Joaquín, quien nos enseñó con su palabra que los humanos somos seres sedientos a los que nada nos sacia, menos Dios, pues cuando entra en nuestro corazón, colma todos nuestros deseos.
Respecto del altar que presidió la sagrada imagen, nuestra priostía dedicó este año su trabajo a presentarnos a la sagrada imagen en su camino hacia el monte Calvario, empleando un dosel compuesto con un cortinaje morado, símbolo de la penitencia, que se abría y mostraba la calle de la Amargura, a través de un fondo pictórico y un camino agreste y seco salpicado de cardos y helechos como muestra del martirio de Jesús, portando el Señor los atributos pasionistas. Para la ocasión el altar estaba completado por un exorno de flores compuesto por alhelíes, claveles, erigium, limonium y crisantemos.
Ya en las vísperas de la Semana Santa, se celebró el solemne besamanos en honor del Señor, el cual se dispuso en la capilla del Sagrario, presidiendo un altar de más de 30 cirios que culminaba con nuestra cruz de guía y contando con dos jarras a sus laterales con claveles rojos. A lo largo de la mañana y la tarde fueron muchos los devotos que se acercaron a disfrutar de la cercanía del Señor hasta pasada la misa parroquial de la tarde, momento en el que nuestro templo quedó en penumbra, salvo por la luz de los cirios que portan los hermanos, para dar paso al rezo del Vía Crucis presidido por Nuestro Padre Jesús de la Divina Misericordia y a su posterior subida al paso, hito de recogimiento en el que se suceden diferentes saetas.
Por último, el Domingo de Pascua, día en que la Iglesia celebra la festividad de la Divina Misericordia, el Señor presidió su solemne función desde su paso procesional, portando la túnica blanca que realizase nuestro hermano Antonio Gómez, quedando exornado por un monte de claveles blancos y en el que nuestro director espiritual y párroco de San Vicente, nuestro hermano don Carlos Coloma Ruiz, nos recordó que tras la muerte del hijo de Dios no nos quedamos solos si no que a través de su resurrección nos muestra el camino de la verdadera felicidad y a la que todos aspiramos .
Fotografías: Alberto Raposo (triduo), Práxedes Sánchez M. (besamanos y Via Crucis), Rafael Alcázar (función).









































