
Además, durante la jornada de su solemne besamanos, se bendijo el retablo cerámico que protagoniza nuestra titular gloriosa.
Durante la semana pasada, nuestra archicofradía comenzó los solemnes cultos en honor de Nuestra Señora del Rosario, a la espera de una nueva jornada del 1 de noviembre, fecha en la que tendrá lugar la solemne función en su honor, así como su procesión por las calles de la feligresía.
Los cultos comenzaron con la celebración del solemne triduo que fue predicado por el reverendo señor don Pablo Colón Perales, vicario parroquial de Santa Cruz, quien nos invitó a profundizar en los misterios de María y a reconocer en ella un modelo de fidelidad y seguimiento de Dios. Además, durante estas jornadas tuvimos la gran alegría de recibir a un grupo de nuevos hermanos en nuestra corporación, siendo nuestra sagrada titular, testigo y amparo del camino que ahora emprenden en el seno de nuestra corporación.
Para la ocasión, nuestro hermano y vestidor, Joaquín Gómez, dispuso a la Santísima Virgen con saya bordada en hojilla de oro, canutillo y espejuelos sobre un rico tejido brocado del siglo XVIII, y manto brocado en oro, plata y sedas, igualmente perteneciente a la misma centuria.
Por su parte, la priostía de la archicofradía dispuso el aparato de cultos ante el retablo mayor de nuestra parroquia. La Santísima Virgen se presentaba bajo dosel de terciopelo granate, enmarcada por una armoniosa candelería y un delicado exorno floral, compuesto por alstroemerias en tonos rosados, lisianthus, antirrhinum y limonium blancos, junto a un centro floral de la misma composición.
Posteriormente, el 11 de octubre, tuvo lugar el solemne besamanos en honor de Nuestra Señora del Rosario. La Santísima Virgen quedó dispuesta en el presbiterio de la Parroquia de San Vicente, enmarcada por el montaje realizado para el triduo y con uno de los antiguos simpecados de la Hermandad del Rosario presidiendo el dosel, una valiosa pieza del patrimonio histórico y artístico de nuestra archicofradía.
Esta obra fue encargada en 1775 al bordador Julián de Paradela y concluida en 1777 por su hijo, Vicente Paradela Espinosa y Criado, tras el fallecimiento de su progenitor. En su parte central destaca una pintura sobre lienzo, realizada por Francisco Ximénez, que representa a nuestra amantísima titular, la Santísima Virgen del Rosario. Del mismo modo, el simpecado pudo contemplarse en el camarín del retablo principal de la capilla sacramental, ofreciendo una oportunidad excepcional para admirar una de las joyas de nuestro patrimonio textil. Su presencia permitió recuperar una estampa insólita, evocadora de otros tiempos, que ni siquiera los hermanos de mayor antigüedad recuerdan haber presenciado.
Asimismo, durante el mismo domingo, tras la celebración de la misa parroquial, tuvo lugar la bendición del retablo cerámico de Nuestra Señora del Rosario, situado en el lateral de la Parroquia de San Vicente que da a la calle San Vicente. El acto fue presidido por nuestro párroco y director espiritual, don Carlos Coloma Ruiz, culminando así el anhelo de hermanos y devotos de contar con un lugar ante el que elevar sus oraciones a la patrona del barrio, incluso cuando las puertas de la parroquia permanecen cerradas, y que debido a la importancia que supone y para todo aquel que quiera conocer como ha sido su proceso de creación, puede consultarlo en la siguiente noticia.
Fotografías: Rafael Alcázar, Alejandro Núñez, Alberto Raposo.





















