
Desde el pasado mes de mayo, la archicofradía está llevando a cabo la restauración de la peana procesional de Nuestra Señora del Rosario, unos trabajos que han sido confiados al taller de nuestro hermano Daniel Sánchez Vázquez, en Isla Cristina.
Se trata de una destacada pieza del patrimonio histórico y artístico de nuestra corporación, realizada en 1814 por Juan José Villarica Hurtado de Mendoza expresamente para Nuestra Señora del Rosario, la peana fue estrenada en la procesión de aquel mismo año y, más de dos siglos después, continúa formando parte del conjunto procesional de nuestra titular cada 1 de noviembre.
Conscientes de su valor histórico y de la necesidad de garantizar su adecuada conservación, el pasado cabildo general de hermanos celebrado en el mes de enero aprobó, dentro de los presupuestos anuales, una partida destinada a acometer su restauración. Los trabajos comenzaron durante el mes de mayo en el taller de Daniel Sánchez Vázquez, profesional con el que la archicofradía viene colaborando durante los últimos años en distintas actuaciones sobre su patrimonio.
El estado de conservación de la peana hacía necesaria una intervención en profundidad, debido tanto al propio paso del tiempo como a diferentes actuaciones realizadas sobre la obra a lo largo de su historia. Con el objetivo de devolver al conjunto su estabilidad y garantizar su conservación futura, se ha procedido al decapado y retirada de los estratos de preparación existentes hasta alcanzar la madera original. A partir de ahí, la intervención contempla diferentes labores de consolidación, ensamblaje, entrapado y estucado, como preparación previa al posterior dorado con oro de ley.
La primera fase de los trabajos quedará concluida durante el próximo mes de octubre, permitiendo que la peana regrese a la archicofradía para la tradicional procesión de Nuestra Señora del Rosario del 1 de noviembre, Solemnidad de Todos los Santos. Para esa fecha está previsto que el frontal de la pieza se encuentre completamente dorado y que el conjunto reúna todas las condiciones necesarias para su utilización procesional con total seguridad. Una vez celebrada la procesión, la peana regresará nuevamente al taller para completar el dorado, especialmente de aquellas zonas que durante la salida quedan ocultas bajo el manto de la Santísima Virgen.
Con esta actuación, la archicofradía continúa trabajando en una de sus principales responsabilidades: la conservación, recuperación y puesta en valor del patrimonio recibido de quienes nos precedieron, garantizando que una pieza estrechamente vinculada durante más de dos siglos a Nuestra Señora del Rosario pueda seguir formando parte de su culto y de su procesión en las mejores condiciones de conservación.
Estado de la peana en 2011, expuesta en el Círculo Mercantil





