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El Triduo al Señor de la Divina Misericordia

TriduoMisericordia¿Pero otra vez estamos de cultos en nuestra Archicofradía Sacramental de las Siete Palabras? ¿Otra vez a montar altares? Pues sí… y gracias a Dios, porque todas las ocasiones son pocas para bendecir su nombre y reunirnos para escuchar su Palabra y celebrar la Eucaristía. Y para nuestra Hermandad no hay mejor manera de comenzar la Cuaresma, tras el pórtico del Miércoles de Ceniza, que encomendarnos a la dulce mirada del Señor de la Divina Misericordia en su Triduo.

Ahora que lo tenemos tan cerca de nosotros, en su nueva ubicación, junto al altar mayor, en la nave de la epístola, si vierais cuántas personas las rezan, cuántas personas se quedan contemplando su rostro, cuántos le acarician el pie y se lo besan, cuántas velas le encienden, cuántos buscan en Él su amor y su perdón, su Divina Misericordia…

Por eso, como Párroco de San Vicente Mártir y Director Espiritual de la Hermandad de las Siete Palabras, doy las gracias a la Junta de Gobierno por haber tenido la sensibilidad de acercarnos más a la Divina Misericordia del Señor. Ahora, en el Triduo que comenzamos en su honor, la Cuaresma se nos abre como camino de conversión a la misericordia del Señor. Él cargó con la cruz de nuestros pecados para que tuviéramos vida en abundancia.

Vivamos, pues, este Triduo al Señor de la Divina Misericordia como un tiempo «eucarístico», en el que, aceptando el amor de Jesús, aprendamos a difundirlo a nuestro alrededor con cada gesto y cada palabra. De ese modo, contemplar al Señor llevando la Cruz  nos llevará a abrir el corazón a los demás, reconociendo las heridas infligidas a la dignidad del ser humano. Y nos llevará, en especial, a luchar contra toda forma de desprecio de las personas y a aliviar a los que sufren.

Que este Triduo sea para todos los hermanos de las Siete Palabras una experiencia renovada del amor de Dios que se nos ha dado en Cristo, amor que también nosotros cada día debemos procurar entregar al prójimo, especialmente al que sufre y al necesitado. Sólo así podremos participar plenamente en la alegría de la Pascua.

Que María, en sus advocaciones de Remedios, Cabeza y Rosario, nos guíe en estos días hasta los pies del Señor de la Divina Misericordia.

Con mi bendición para todos los hermanos de las Siete Palabras, recibid un fuerte abrazo.


Marcelino Manzano Vilches, pbro.

Párroco de San Vicente Mártir.

Director Espiritual de la Archicofradía de las Siete Palabras.

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