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Las Salidas de nuestra Archicofradía en la mañana del Viernes Santo

sampedroHace unos meses me pidieron identificar una fotografía añeja que por teléfono se nos narraba así: “Las Siete Palabras pasando de día por los palcos vacíos”. Sin poder imaginarme ni siquiera ni el ángulo, ni la luz, ni la amplitud del campo que la instantánea había captado, en seguida relacioné la fotografía que se nos describía con la circunstancia en que se había realizado: se trataba de una de las salidas de la Archicofradía de las Siete Palabras en la mañana del Viernes Santo, una circunstancia que se produjo muy pocas veces, y siempre como segunda opción para los casos en que la lluvia impedía hacerlo el Miércoles Santo.


Unas semanas después logré que su propietario, Joaquín Delgado-Roig Pazos me la cediese, contándome éste la procedencia: el archivo de José Morales, a su vez procedente del de su propio padre, Antonio Delgado Roig. En efecto, una vez contemplé la fotografía, corroboré que se trataba de una de las excepcionales salidas en que la Archicofradía de las Siete Palabras procesionó por el mediodía (de 12 a 3 especificaban las nóminas) del Viernes Santo, tras posponer su salida el Miércoles por causa de la inclemencia climatológica. El poco público que presencia el discurrir por la plaza de San Francisco y la luz, que dibuja una mínima sombra bajo los nazarenos como corresponde a una de las horas centrales del día, así lo testimonian sin duda alguna. Pero analizando a fondo la fotografía, con los medios electrónicos que hoy se disponen, se sacan muchas conclusiones y sobre todo se la puede poner en relación con otras instantáneas ya publicadas con anterioridad que ahora podemos deducir que fueron tomadas el mismo año.

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La primera ocasión en que nuestra archicofradía salió un Viernes Santo fue en 1882. Tan solo tres años antes la lluvia había aparecido en alguna salida desde que en 1864 se reanudasen éstas. En ese año 1879, estando el cortejo dentro de la catedral, empezó a llover, quedándose en el interior del tiempo. Como la lluvia arreciaba, el cabildo catedral le ofreció la posibilidad de permanecer en el templo metropolitano. El paso fue situado ante la puerta de la Concepción y las insignias y cirios se guardaron en la capilla de San Pedro, citándose a todo el cortejo a las siete de la mañana del Jueves Santo. A esa hora salió la cofradía sin más incidencia que la del desacostumbrado horario, entrando en San Vicente a las nueve.


En el referido 1882, la lluvia apareció antes, cuando la cofradía transitaba por la calle de las Armas (actual Alfonso XII), encontrándose el paso a la altura de la calle Abad Gordillo. En vez de regresar a San Vicente, el cortejo se metió en la iglesia de San Antonio Abad, pero el paso no pudo hacerlo por la puerta de la calle de las Armas. Cuando iba a hacer el intento de entrar por la que sale actualmente la Hermandad del Silencio, por la de Riego (actual El Silencio), el párroco de San Miguel, Manuel de Torres y Pedrosa, ofreció e insistió para que se trasladara a su iglesia (la parroquia se había derribado en 1868 y la capilla del Santo Sepulcro y San Gregorio Magno hacía las veces de la misma), lo cual se verificó. Como no remitió el mal tiempo, se retiraron los hermanos y se convocó a cabildo general el Jueves Santo. En él se decidió hacer estación a la catedral desde San Miguel en la madrugada del Viernes Santo, contando con los permisos tanto de la autoridad civil como eclesiástica, mas como desde las doce de la noche continuaba la lluvia se acordó (aun teniendo a todos los hermanos nazarenos vestidos con sus túnicas en San Gregorio), que si entre las 11 y las 12 de la mañana hacía bueno, se continuaría la estación, para salir a las 12 y entrar a las 3, solicitando de nuevo los oportunos permisos.


4Aunque en principio el alcalde le negó la licencia para este tercer intento de salir, finalmente se consiguió y como se presumía, entre las 11 y las 12 mejoró el tiempo y pudo continuar el recorrido, aunque a la salida de la catedral un fuerte viento trajo consigo una ligera lluvia a intervalos que le acompañó hasta San Vicente. Hemos de notar dos aspectos, aparte de admirar el empeño de los cofrades en realizar este año 1882 la salida. Por una parte, el paso presentaba el mismo aspecto que actualmente, ya que las andas se habían estrenado el año antes, pero era el primero en que procesionaba la imagen del Cristo, cuya cesión había obtenido la corporación en octubre de 1881. Por otro el horario delViernes Santo de 12 a 3, que pudiera parecer intempestivo, coincide con el que, según las Escrituras, estuvo Jesucristo crucificado, siendo por tanto durante el que pronunció las Siete Palabras desde el sagrado madero. A partir de entonces, la hermandad estableció que si por lluvia había que suspender su salida el Miércoles Santo, lo haría el Viernes en esas horas, algo que incluso las actuales reglas de la hermandad recogen como posibilidad (refrendadas por tanto por la autoridad eclesiástica), aunque no se hace valer tal derecho en el cabildo de toma de horas, como se recogía antaño, para que dicho derecho pudiese hacerse efectivo.

La siguiente ocasión en que se realizó la salida en Viernes Santo fue el año 1890, ya haciendo valer el derecho que se recogía en la propia nómina de la Semana Santa y aunque en 1892 volvería a llover el Miércoles y se quiso salir el Viernes, se fijó la salida a las 11,30 la hora de la salida, ya que a las 12 había fijado el párroco la celebración del Sermón de las Tres Horas, sin embargo, a la hora fijada seguía amenazando lluvia y sólo comparecieron siete oficiales, determinándose no salir, puesto que tan sólo había veintitrés nazarenos y solamente entre los que llevaban insignias hacían falta veintiuno, además de que la inseguridad climatológica no garantizaba la salida. Era la primera vez en veintinueve años que la Archicofradía de las Siete Palabras se quedaba sin salir después de su reorganización.


Al año siguiente, 1893, se volvió a suspender la salida el Miércoles y ahora sí se salió el Viernes Santo a las doce del mediodía. Creemos que la fotografía que encabeza este artículo corresponde a dicho año, puesto que la ponemos en relación con otras que insertamos a continuación. La primera de ellas, nos muestra al paso recién salido de la parroquia, y en el adoquinado de la calle (actualmente denominada Cardenal Cisneros, pero por entonces era plaza de San Vicente, ya que la continuación de Virgen de los Buenos Libros no existía) un enorme charco nos delata que la lluvia había estado presente no hace mucho. En 1890 el Viernes Santo ya hizo buen tiempo, algo que no sucedió tres años después.

Ante el paso observamos la presencia de un sacerdote, con manteo y bonete, vuelto hacia las andas, así como otros miembros de la presidencia. Este presbítero se trataba de Manuel Bovis Gallardo, coadjutor de la parroquia de Santa Cruz, que todos los años figuraba junto a los nazarenos de la presidencia. Hay una diferencia entre la composición de ésta en 1890 y 1893, puesto que junto al referido sacerdote, en 1890 solo había tres nazarenos (Francisco Caballero de Vargas, Faustino Álvarez –hermano mayor– e Ignacio Pérez), mientras en 1893 la formaban cuatro (el referido Faustino Álvarez –que continuaba en el mismo cargo–, Ignacio Pérez, José García Rivero y Francisco Morales). Ninguna de las fotografías que insertamos nos permite saber si junto al presbítero, que aparece claramente en todas ellas, hay tres o cuatro nazarenos presidiendo el paso.

Creemos que la serie de fotografías corresponden a un mismo año, tras la salida, en que el charco de lata la cercana caída de la lluvia, vemos al paso fotografiado desde un balcón de la calle San Vicente, cuando el mismo se detuvo poco después de ingresar en la misma. Aunque escaso, vemos un trozo del pavimento de adoquín mojado junto al paso que nos hace pensar que se trata del mismo año.

La foto en que el paso aparece justo después de salir ofrece además una particularidad que los fotógrafos o amantes de ese arte habrán podido apreciar. El paso aparece en contraluz, algo que no sucede los años en que la luz ha acompañado a la salida vespertina, en que el Sol se ubica al oeste y por lo tanto iluminaría de frente a las andas.

1Al contrario, el Cristo aparece en contraluz, pues el astro se sitúa a sus espaldas. Aún así, la luz proveniente del mismo se tamiza por un cielo que se adivina plúmbeo. En la foto de la calle San Vicente, por su estrechez, no podemos deducir de dónde procedía la iluminación, pero sí pensamos que una tercera instantánea en la que el paso se ubica recién ingresado en la plaza del Museo se tomó ese mismo año. En ella vemos de nuevo al presbítero vuelto hacia las andas, fotografiadas desde el suelo, y la luz procedente del frente y desde arriba. De tratarse de una salida vespertina, como dijimos antes, el Sol se ubicaría en el oeste, ahora justo detrás del paso, por lo que esta fotografía claramente corresponde a una salida matutina, y creemos que del mismo año 1893. Sí es evidente que el adoquinado aparece seco, en contraposición a lo húmedo que se nos muestra anteriormente en las otras dos fotografías, pero la calle Alfonso XII (por entonces calle de las Armas) y la plaza del Museo eran un lugar de más tránsito (por entonces carros, coches de caballo y tranvías de mulas, lógicamente) que pudieron contribuir a secar el pavimento, aparte de que ya el Sol dibujaba algunas sombras sobre el paso indicando que calentaba con más fuerza.

Otro dato que nos permite situar al conjunto de fotografías en 1893 (ó 1890 en su defecto) es el hecho de que el cableado del tranvía no estuviese aún presente, y sí las vías, algo perfectamente perceptible tanto en la foto de la plaza del Museo como en la de la plaza de San Francisco. La electrificación del transporte urbano por entonces existente se efectuó entre 1897 y 1900, por lo tanto las fotografías tienen que ser anteriores a esa fecha, y dado que la última vez en que la hermandad salió en Viernes Santo fue en 1909, descartamos esa fecha. Cabría también la posibilidad que las fotos correspondiesen a dos años, la de la salida y la calle San Vicente, con los adoquines mojados, a 1893; y las de la plaza del Museo y la de San Francisco, con los adoquines secos, a 1890.

Lo específico de las actas de la época al recoger los puestos de la cofradía nos permite incluso identificar a algunos de los nazarenos que aparecen. Por ejemplo, en 1890 el estandarte lo sacó el secretario Luis García de Güeto, mientras que en 1893 lo hizo Manuel Filpo, abuelo de quien fuese número 1 de la hermandad, Manuel Filpo Pérez, que a su vez lo fuese también de la del Dulce Nombre, y bisabuelo de José Luis Filpo Cabanas, quien aún pertenece a nuestra corporación.

En la fotografía de la plaza de San Francisco destaca la figura de un nazareno en la parte central, portando una pequeña vara cuya galleta era similar a las de la residencia del paso, el escudo (el Corazón de Jesús) orlado por una ráfaga. Se trataba, pensamos, que del diputado mayor de gobierno, cargo que por entonces ejercía el cofrade Juan Reguera.

El mencionado año 1909 fue el último en que la Archicofradía de las Siete Palabras varió su salida procesional, haciendo uso del derecho que cada año se reservaba de salir el Viernes Santo de 12 a 3 de la tarde, salvedad hecha de 1920 y 1948, en que lo hizo en la tarde de ese mismo día al integrarse en el cortejo del Santo Entierro grande, y de 1934 en que en la atípica Semana Santa de ese año lo volvió a hacer en la tarde del Viernes. Las precipitaciones le hicieron suspender su salida en 1958, 1971, 2005 y 2008. En estas dos últimas ocasiones ya estaban vigentes las actuales reglas, que recogen la posibilidad de que la cofradía pueda cambiar su salida al mediodía del Viernes Santo en caso de suspenderla por lluvias el Miércoles Santo, sin que en ambas ocasiones se hiciese uso de ese derecho que hace ya más de un siglo no se ejercita y que gracias a añejas fotografías hemos podido recrear.

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Rafael Jiménez Sampedro

Artículo publicado en el Boletín nº 79 (Febrero de 2013). 

 

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